


El conocimiento es para siempre



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No quiere decir que las personas tipo “yo-yo” sean malas o algo por el estilo. La patología del “yo-yo” puede deberse a varias causas. La principal, por supuesto, es el ego. Ese monstruo contrario al amor y a la lucidez que nos hace darle importancia a todo menos a lo esencial. Aquí alguien podría preguntar: “¿Y lo esencial no somos nosotros?” Claro que sí, lo esencial es nuestro bienestar mental, espiritual y físico, porque en la medida en que muchas personas estén bien y se sientan plenas y felices consigo mismas, construiremos sociedades felices; pero el ego es un máximo saboteador de la felicidad, ya que nos hace concentrarnos en nosotros de forma negativa. Cuando estamos dominados por el ego no asumimos nuestra responsabilidad, nos evadimos por aquí y por allá intentando hallar al culpable -o culpables- de nuestra situación. Nos aterra mirar hacia adentro y encarar la causa raíz de nuestros problemas, la cual subyace en nuestro interior y no en algún lugar externo. Es por ello que cuando estamos dominados por el ego difícilmente logramos evolucionar.
Por otra parte, permitir que el ego asuma el control es un síntoma de baja autoestima, ¿por qué? Sencillamente porque andamos buscando el reconocimiento exterior. No nos sentimos bien con nosotros mismos, pero no tenemos el valor de asumirlo, en consecuencia mostramos una cara al mundo en discordancia con nuestro estado interior y buscamos desesperadamente que el otro nos reconozca, nos alabe, esté pendiente de cada paso que damos, en pocas palabras, necesitamos ser el centro de atención. Esto incluo puede llegar a impedir el establecimiento de relaciones personales saludables. Realizar un trabajo de crecimiento interior no implica despreciar el justo reconocimiento por una labor realizada, pero la necesidad desmedida de admiración desaparece, pues sabemos quiénes somos y lo que queremos y nos concentramos en trabajar por ello, permitiendo a los demás ser quienes son, ayudándolos a triunfar si se nos presenta la oportunidad.
Otro síntoma de la persona tipo “yo-yo” es que carece de serenidad, por ende suele hablar sin parar, para no escuchar su propio diálogo interno. Estas personas suelen temerle al silencio, al estar solas aunque sea unas pocas horas, ya que no soportan estar consigo mismas, les aterra lo que puedan descubrir. Es por ello que no se dan espacio para disfrutar del sabio silencio, necesitan llenarlo con su parloteo constante, con música, con actividad, temen que un estado de calma pueda derrumbarlos, negándose a enfrentar esos fantasmas que les impiden desarrollarse plenamente. Detrás de todo esto hay una gran insatisfacción a nivel personal y un sentimiento de constante desazón.
¿Qué se puede hacer? Es preciso, aunque no sea fácil, enfrentar esos fantasmas del pasado y del presente que nos atormentan, con el fin de que las situaciones no resueltas dejen de perseguirnos y de repetirse en nuestras vidas. Hoy en día existen muchas herramientas que pueden ayudarnos, desde las psicoterapias tradicionales hasta las alternativas que están en boga y pueden ser muy efectivas, tales como la Terapia de Renacimiento o las Constelaciones Familiares, por nombrar algunas. Igualmente las actividades como yoga, tai-chi y meditación, pueden sernos de mucha utilidad.
Si tienes cerca a una persona tipo “yo-yo” puedes: 1) hacerle notar, de la mejor manera, que hay una diversidad de temáticas para compartir, 2) invitarla a realizar una actividad como las descritas en el párrafo anterior, 3) hacerle comprender que para que exista una conversación deben alternarse los roles del hablante y del oyente. Si esa persona es tu amiga comprenderá que tú también necesitas ser escuchado/a; aunque no es raro que dos personas de este tipo se sienten a conversar y cada quien intente manipular la conversación y salpimentarla tanto como sea posible de frases donde el sujeto sea siempre YO. Si usted está sentado/a a la mesa con esas dos personas pida algo bien rico para deleitar el paladar y olvídese de participar en la conversación.
Aprendamos a valorar el silencio para escuchar nuestro diálogo interior, sólo así podremos identificar nuestras necesidades emocionales, hecho que nos permitirá tomar decisiones para incrementar nuestro bienestar en distintas áreas de nuestra vida, trabajando siempre de adentro hacia afuera.
**Lady Nurr
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Etiquetas: Salud integral
Después de las revelaciones sobre la toxicidad de la dioxina TCDD emitida durante la fabricación de la herbicida 2,4,5-T, Monsanto no pone en tela de juicio su producción, al contrario, se pone en contacto con el Pentágono para desarrollar el uso militar de su herbicida. La economía de guerra ha sido siempre una bendición financiera por la pugna de empresas multinacionales que dominan el mercado de los productos químicos.
Monsanto conocía los peligros de la dioxina presente en el Agente Naranja
El esparcimiento masivo del Agente Naranja afectará por mucho tiempo a las poblaciones civiles, pero también a los soldados estaqdounidenses que han sido expuestos a la dioxina sin precaución. Además, Monsanto deliberadamente había escondido al ejército que su herbicida 2,4,5-T en versión militar, o Agente Naranja, contenía una más alta concentración de residuo de dioxina TCDD que la versión agrícola común.
Un documento interno desclasificado de la empresa Dow Chemicals, fechado el 22 de febrero de 1965, relata una junta secreta de los principales proveedores del “Agente Naranja”, incluyendo Monsanto, para “discutir de los problemas de toxicología causadas por la presencia de algunas impurezas altamente tóxicas”, en las muestras de 2,4,5-T entregadas al ejército [1]. Dow Chemicals quería compartir una investigación interna que demostraba que “unos conejos expuestos a la dioxina desarrollaban severas lesiones en el hígado”. La cuestión tratada por los proveedores de 2,4,5-T era saber si se tenía que avisar el gobierno de la toxicidad del Agente Naranja. Gerson Smoger, abogado de numerosos veteranos de la guerra de Vietnam, declaró que “la reunión tuvo lugar en el más grande secreto. […] la cuestión era si había que informar al gobierno. Así lo prueba un correo, del cual también tengo una copia, Monsanto reprocha a Dow de querer levantar el secreto. Y el secreto ha sido guardado durante al menos 4 años, los esparcimientos del Agente Naranja llegaron a su pico en Vietnam…” [2].
Finalmente, en 1969, un estudio hace pública la nocividad del herbicida 2,4,5-T, luego de que el Instituto Nacional de la Salud de Norteamérica bubiera revelado que ratones sometidos a dosis importantes de herbicida desarrollaban malformaciones fetales y parían bebés muertos al nacer. El 15 de abril de 1970, el Secretario de Agricultura anunció una prohibición de uso del 2,4,5-T en razón “del peligro que representa para la salud”.
En 1971, el ejército interrumpe la operación Ranch Hand y el esparcimiento del Agente Naranja, pero sus efectos devastadores han seguido aun después a causa de la persistencia de la dioxina en el suelo, el agua y la cadena alimenticia y de su carácter bioacumulador. En Vietnam se estima que 150.000 niños sufren hoy en día de malformaciones debidas al Agente Naranja y que 800.000 personas están enfermas.

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Su devovión a las ideas emancipadoras la hizo blanco de la furia de los realistas. Fue condenada y a ser azotada públicamente hasta perder el aliento en la Plaza de San Juan, en Caracas, hoy conocida como Plaza Capuchinos.

Josefa Camejo (Curaidebo, Estado Falcón, 13/05/1791)
Hija de Miguel Camejo y de Sebastiana Talvera y Garcés. Fue conocida también como "Doña Ignacia". Luchó como cualquier otro soldado en la gesta independentista venezolana, enfrentando los prejuicios y barreras que relegaron a la mujer a ocupar el lado "oscuro" de la historia. Inició sus estudios en el colegio de las hermanas Salcedo, en Coro, y luego fue enviada a un convento en esa ciudad, donde completó su educación y estuvo en contacto con las ideas republicanas. En 1810, estando en Caracas, tuvo la oportunidad de vivir los sucesos del 19 de abril. En 1811, viajó a Mérida donde conoció al coronel Juan Nepomuceno Briceño Méndez, con quien contrajo matrimonio.
El 18 de octubre de 1811 firma el documento titulado "Representación que hace el Bello Sexo al Gobierno de Barinas", en el que las firmantes, enteradas de la invasión que intentaban los guayaneses por San Fernando, se ponían a la orden para la defensa de Barinas, sin ningún temor a los horrores de la guerra. Ese mismo año en Barinas, ante la amenaza de los realistas, Josefa solicitó al Gobernador permiso para protegerlo, extrañada de que "no se haya contado con las mujeres para proteger su seguridad", asegurándole que "el sexo femenino no teme los horrores de la guerra; antes bien, el estallido del cañón no hará más que encender en nosotras el deseo de libertad". Su vida entera la entregó a la causa republicana, luchando hombro con hombro con los patriotas, e incluso comandando rebeliones por toda la Provincia de Coro.
En 1821, al frente de trescientos esclavos que trabajaban en su hato de Paraguaná, propició una rebelión contra las fuerzas realistas de la Provincia de Coro; pero fueron derrotados. El 3 de mayo del mismo año, con un grupo de quince hombres, se presentó en Baraived, lugar donde descansaba el jefe realista Chepito González, a quien enfrentó y derrotó. Posteriormente se dirige, junto con varios patriotas, a Pueblo Nuevo, donde es apresado el Gobernador, nombrándose a un Gobernador civil republicano: Mariano Arcaya. Ese mismo día Josefa Camejo leyó en Pueblo Nuevo el manifiesto que declaraba libre a la Provincia de Coro y en el que se juraba fidelidad a la República.
Se dice que después de la Independencia se retiró a sus haciendas en donde finalizó sus días al lado de su familia.
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Leonor Guerra
En 1816, el coronel Juan Aldama, jefe y gobernador interino de la provincia de Cumaná enardecido por los triunfos de Gregor MacGregor en las batallas de Quebrada Honda (2 agosto), Alacrán (6 septiembre) y Juncal (27 septiembre), descarga su ira en Leonor Guerra quien osadamente se había asomado a la ventana con una cinta azul, símbolo que adoptaron los patriotas como divisa política y que las señoras llevaban discretamente en el cabello.
Leonor se encontró frente al gobernador Aldama y fue víctima de sus atropellos, lo cual sin embargo no hizo que abjurara de sus convicciones políticas. En consecuencia se le siguió juicio y se le sentenció a salir por las calles montada en un burro enjalmado, para recibir públicamente 200 azotes por «insurgente». En cada esquina debía amonestársele y se le pedía que revelara los nombres de quienes compartían sus ideas. Mientras se la sometía a este suplicio, le gritaba a sus verdugos, antes de cada azote: «¡Viva la Patria, mueran los tiranos!»; esto fue respondido con repetidos latigazos hasta que fue conducida a su hogar exhausta. Afectada por la ofensa recibida, se negó a ingerir alimentos y a recibir asistencia médica, hasta que sobrevino la muerte ese mismo año.
El 1 de diciembre de 1819, el general Pablo Morillo expuso al ministro de la Guerra de España la conveniencia de que el brigadier Aldama fuese trasladado a España, vistos su bajo rendimiento militar y por la «dureza imprudente» en Cumaná.
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Entre sus propiedades contábase un hato de ganado en la región de San Camilo, una elegante y cómoda casa en San Cristóbal, y entre varias casas de su propiedad en el Rosario de Cúcuta (Colombia) se incluía una de dos plantas amplísima y lujosa que fue sede del Congreso del Rosario, celebrado en 1821, y también sirvió como mansión de residencia del Poder Ejecutivo y fue llamada Palacio del Congreso y Palacio de Gobierno de la Gran Colombia.
Su adhesión a la ideas de emancipación la hicieron blanco de la saña de los realistas, incluyendo a sus familiares y propiedades. Durante los últimos meses de 1819 fue capturada en San Cristóbal y fue conducida, junto a otras señoras patriotas, en humillante calvario, hasta el pueblo de Bailadores, donde fue rescatada por un piquete de caballería enviado por Bolívar desde Pamplona, al mando del Coronel Leonardo Infante.
Convenció a su hijo de 15 años, Pedro Briceño Ramírez, para que se alistara en el Ejército Patriota, este fue tomado prisionero y condenado a muerte. Él y sus compañeros se salvaron de ser ejecutados por la intervención de una dama criolla, favorita del jefe realista Antonio Tíscar. Este contratiempo no arredró al joven, quien apoyado por su madre empuñó nuevamente las armas en las filas patriotas, peleó en varios combates y alcanzó el grado de Capitán, falleció en una sangrienta batalla.
María del Carmen Ramírez gozó de merecida fama entre los adalides de la Independencia. Murió en San Cristóbal el 7 de febrero de 1857.
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Información extraída de la sección de Heroínas Venezolanas en:
http://historica.ejercito.mil.ve/
y de la sección Biografías de Venezuela en:

La casa de Ana María Campos era el punto de referencia para los patriotas de la provincia de Maracaibo, el puerto de salvación y el asilo seguro para la conspiración; allí se reunían para buscar prosélitos de la libertad. Ana María Campos, en plena juventud, ofrece su ayuda a los patriotas y comienza a colaborar en la organización y a participar en las reuniones clandestinas, dejando oír su voz. Y fue en una de esas veladas secretas que dejó escapar la frase inmortal que la llevó al martirio: “Si Morales no capitula, monda”.
Ana María Campos fue delatada, hecha prisionera y conducida ante el Gobernador de Maracaibo, Capitán Francisco Tomás Morales, quien perseguía a los patriotas con saña. Frente a Morales la joven no se desanimó, por el contrario, su ímpetu se elevó y en su propia cara le explicó las razones que la inducían a creer que, si no capitulaba, estaba perdido. "He dicho, señor, que dada la justicia de los patriotas americanos, los poderosos recursos con que cuenta, la actitud imponente del intrépido Padilla y el cerco de acero que por doquier os amenaza, si Usía no capitula, monda". Morales, nuevamente le pregunta: -"¿Por qué afirma Ud. semejante dicho?". Y Ana María, sin retractarse, responde: "Porque los patriotas son ya vencedores en toda Venezuela y dentro de muy poco lo serán en Maracaibo, por agua y por tierra".
Morales, en un gesto de soberbia, y sintiéndose humillado por aquella jovencita, ordenó que fuera vapuleada públicamente, montada en un asno y paseada desnuda por las calles de la ciudad; y así se hizo.
Fue el africano Valentín Aguirre el encargado de descargar el látigo sobre la piel de la joven patriota. Ante el dolor, Ana María no claudicó en sus ideas, sino que a cada latigazo del verdugo sobre su cuerpo salía de sus labios la frase: “Si no capitula, monda”, la cual repitió incansablemente.
Según notas aparecidas en archivos, Ana María murió ahogada en las orillas del lago, a la edad de 32 años, a consecuencia de un ataque epiléptico, producto del maltrato feroz de sus enemigos, pero antes de morir logró ver realizado su sueño, ya que debido a la Batalla Naval del Lago de Maracaibo, en 1823, las banderas patriotas ondearon al viento. El 3 de agosto de aquel mismo año, Morales firmó en Maracaibo la capitulación de las fuerzas realistas. Y el día 15 del mismo mes y año, Ana María Campos, casi inválida a causa del castigo recibido, desde la orilla del Lago, en los Puertos de Altagracia, contempló la majestad con que se alejaba el buque que conducía hacia la Isla de Martí, al Capitán General de Costa Firme, Francisco Tomás Morales, y al Almirante Laborde. Y respirando un aire de satisfacción y de conformidad, exclamó: "¡Morales capitulo!".
Cecilia Mujica
(San Felipe, Estado Yaracuy)

Conocida como la Mártir de la Libertad. De familia de abolengo, su padre, don Martín de Mujica, era realista. La prometió en matrimonio a Hernrique de Villalonga, joven de ascendencia española, sin saber que su hija y él formaban parte del Comité Revolucionario y estaban entre los más audaces propagandistas de las ideas emancipadoras. Él distribuía clandestinamente, y con peligro de su vida, boletines encendidos con el fervor de la libertad; ella confeccionaba escarapelas y divisas tricolores para el pecho de los voluntarios y componía exaltantes canciones patrióticas, y como sabá pulsar la lira ofrecía recitales como regalo a sus oyentes en las tardes de tertulia revolucionaria.
Su padre fue una de las víctimas del terremoto de 1812, dejando a Cecilia huérfana. Al año siguiente, en 1813, Simón Bolívar dictó en la ciudad de Trujillo, La Proclama de Guerra a Muerte, respuesta del Libertador ante los numerosos crímenes perpetrados por Domingo de Monteverde, Francisco Cervériz, Antonio Zuazola, Pascual Martínez, Lorenzo Fernández de la Hoz, José Yánez, Francisco Rosete y otros jefes realistas, luego de la caída de la Primera República. En represalia, el Gobernador de San Felipe, don José de Millet, hizo contrapeso con crueldad ante la medida republicana, y uno a uno fueron cayendo los revolucionarios.
Cecilia hizo caso omiso de las medidas del Gobernador y continuó haciendo propaganda en pro de la liberación, lo cual pagaría siendo fusilada por los soldados realistas. Antes de morir, dirigiéndose a uno de los hombres que la custodiaban, le dijo:
"Toma buen hombre, Ambrosio Trejo, esta madeja de mis cabellos y este anillo y entrégalos en su prisión a mi amigo Henrique de Vilalonga y dile que le devuelvo esa joya, contrato de nuestras nupcias, y que la conserve como el último recuerdo de la mujer que no tiene la fortuna de ir a sus brazos, pero sí la gloria de inmolarse por la libertad de nuestra patria."
Consuelo Fernández
(Villa de Cura, Estado Aragua, 1797)

Boves, después de su triunfo en La Puerta, se había acuartelado en Villa de Cura preparándose para continuar hacia el Centro contra los patriotas. Las tropas que comandaba Boves invadían y saqueaban todo, quemaban casas, templos, escuelas y ultrajaban hogares.
El General José Félix Ribas levanta en Caracas "un arsenal de valientes", con los cuales forma una columna y se lanza fogosamente hacia La Victoria para obstruir el paso a Boves.
Manuel Fernández, hermano de Consuelo, era uno más entre los decididos jóvenes oficiales que rodeaban al General José Félix Ribas en La Victoria. Consuelo ha quedado en Villa de Cura acompañando a su padre. Villa de Cura está ocupada por las tropas de Boves que, sedientas de sangre, aterrorizan a las familias, ultrajan los hogares, fusilan, deshonran, queman víctimas en la Plaza Pública con gran aparataje de tambores y fanfarrias.
Consuelo Fernández, conocedora de los preparativos de Boves para atacar La Victoria, a través de un llamado "Coronel Pérez", oficial realista que la cortejaba, aceptó el ofrecimiento de un joven patriota para enviar un mensaje a su hermano a La Victoria, pero el joven es perseguido por otro Oficial de Boves, quien logra apresarlo arrebatándole el mensaje, que decía:
"El Sargento Boves, que se encuentra acuartelado en Villa de Cura, se prepara a invadir La Victoria, avísalo al General Ribas, y marchen lo más pronto que puedan a salvarnos. Uno de los tenientes de Boves, llamado coronel Pérez, que me vio el otro día en la Iglesia, se atrevió a pedir mi mano a papá. Figúrate con que indignación no rechazamos esta proposición, pues tú sabes que entre los patriotas y los realistas hay un abismo insondable. Te bendice tu hermana Consuelo".
La carta llegó a las manos del Coronel Pérez, quien se hallaba ofendido por el rechazo de Consuelo a sus ofertas amorosas. El decepcionado oficial hizo una apuesta a sus compañeros: "O me caso con Consuelo Fernández o ella será fusilada" Y de inmediato impartió sus órdenes para que Consuelo y su padre fueran apresados. Una vez en su presencia, mostró a Consuelo la carta interceptada. La joven, viéndose perdida, en un rasgo de valor confiesa: "Mi padre es inocente de lo que yo he escrito a mi hermano", "En cuanto a mí, le aseguro que prefiero mil veces la muerte antes de ser la esposa de un realista".
Al día siguiente de esta confesión el padre de la joven fue puesto en libertad y ella condenada a sufrir la pena de muerte "por haber transmitido noticias de la guerra a su hermano".
Con gran entereza de ánimo, oyó Consuelo la sentencia que le fue leída en medio de redoble de tambores. Clareó el alba de la mañana señalada para su ejecución: 10 de febrero de 1814. Cuando iba caminando al lugar de fusilamiento fue detenida e interrogada por el Coronel Pérez: "¿No quieres ser mi esposa? Si consientes en casarte conmigo te salvaré la vida". "Apártese de mi camino", contestó la joven. "Jamás podré unirme a lo que me inspira tanto desprecio.¡Viva la Patria! ¡Viva la Libertad!" Y se dejó conducir al lugar de su ejecución. De manera repentina, y sin poder evitarlo, irrumpió su padre a la plaza y se abrazó a su hija cubriéndola con su llanto. Una descarga se oyó y, abrazados, cayeron a tierra padre e hija.
Esposa de José María España (1761-1799), con quien contrajo nupcias el 17 de julio de 1783. Es conocida como la "Bordadora de la primera bandera de Venezuela". Fue encerrada por formar parte de la conspiración que llevaba a cabo su esposo junto a un grupo de patriotas. Sufrió cárcel durante más de ocho años y fue confinada en Cumaná donde terminó su vida.
El año de 1797 fue crucial en la vida de los patriotas de nuestro país. Ese año Josefa Joaquina Sánchez fue capturada por las autoridades españolas y apresada en la llamada «Casa de Misericordia», híbrido entre prisión y manicomio, ubicada en el sitio que hoy se conoce como Parque Carabobo.
Días antes de la muerte de José María España, Josefa Joaquina fue interrogada por las autoridades, siendo acusada de inducir a los demás negros de su hacienda a que se levantasen en contra de las autoridades españolas. Responde con aparente tranquilidad las preguntas de las autoridades, manifestando que ignora el paradero de su esposo, así como de don Manuel Gual y su hermano, Domingo Sánchez.
Josefa estaba encinta de su último hijo, y habiendo sido interrogada sobre el paradero de su esposo, y con su embarazo ya muy visible, se armó de valor y contestó: «¿Y acaso no hay en el mundo otro hombre que José María España?».
Las autoridades tenían constancia de que Josefa Joaquina había mandado al negro Rafael España (los esclavos solína llevar el apellido del amo) a hacer que las peonadas de las haciendas vecinas de La Guaira se alzaran en un esfuerzo desesperado por levantar la bandera de la libertad caída de las manos de su esposo. Después del allanamiento de la casa, Josefa Joaquina fue arrestada y llevada a la cárcel por el esclavo Rafael España.
La sentencia para Josefa Joaquina fue pronunciada el 19 de enero de 1800: ocho años de reclusión en la Casa de Misericordia. El 13 de junio de 1808, la olvidada prisionera escribe una carta al Gobernador suplicándole que permita a sus hijos continuar sus estudios en la Universidad de Caracas, y el 10 de julio recibe la contestación, firmada por Juan Germán Roscio, negando su petición y dándole la orden de que sus hijos se fueran con ella a Cumaná, el sitio que le había sido designado para terminar su vida.
Así fue confinada en Cumaná, junto a sus hijos, con la prohibición para todos ellos de volver a Caracas o a La Guaira.
Eulalia Ramos de Chamberlain (Tacarigua de Mamporal, Estado Miranda, 12/02/1796)


Esposa del prócer Juan Bautista Arismendi (1770-1841). Su padre, profesor de Latín, le enseñó a temprana edad a leer y escribir, así como los principios éticos y morales que le dieron valor durante los años de su cautiverio y destierro.
1814 fue un año adverso para la naciente República y también para la familia Cáceres: el 6 de marzo las tropas del jefe realista Francisco Rosete asaltaron la guarnición de Ocumare y mataron al padre de Luisa, quien se encontraba allí por invitación de su amigo el comandante Juan José Toro. La Comandancia Militar de Caracas, al frente de la cual se encontraba Juan Bautista Arismendi, organiza una expedición el día 14 de marzo en auxilio de los patriotas sitiados en Ocumare; entre los soldados de la operación estaba Félix Cáceres, hermano mayor de Luisa. Las tropas de Arismendi son derrotadas y el hermano de Luisa es hecho prisionero y ejecutado el 16 de marzo.
Los emigrados pasan por Barcelona y se dirigen a Cumaná, a donde llegan a finales de agosto, muchos de ellos consiguen pasar a la isla de Margarita, lugar donde Arismendi puede garantizarles una mayor seguridad. Durante este tiempo, el coronel Arismendi busca a la familia Cáceres, a quienes había conocido y frecuentado por algún tiempo en Caracas en la navidad de 1813, proporcionándoles por este motivo, vestidos, alojamiento y demás recursos. El 4 de diciembre de 1814 el coronel contrae nupcias con Luisa Cáceres.
En septiembre de 1815, las autoridades españolas ordenan la captura de Bautista Arismendi, quien se escapa y oculta con uno de sus hijos en las montañas del cerro Copey; el día 24 de septiembre, Luisa Cáceres, quien se encontraba embarazada, es tomada como rehén para doblegar a su esposo. Encerrada por un tiempo en la casa de la familia Amnés, es trasladada días después a un calabozo de la fortaleza de Santa Rosa. El 26 de enero de 1816, Luisa da a luz una niña que muere al nacer dadas las condiciones del parto y del calabozo en el cual se hallaba prisionera, el cadáver de la recién nacida fue dejado junto a ella durante 48 horas.
Posteriormente, es trasladada al fortín de Pampatar, donde permanece algunos días antes de ser enviada a la prisión de La Guaira y finalmente al convento de la Inmaculada Concepción en Caracas, donde ingresa como prisionera el 22 de marzo de 1816. Durante todo este tiempo se le mantuvo incomunicada y sin noticias de sus familiares. Los triunfos de las fuerzas republicanas comandadas por Arismendi y por el General José Antonio Páez en Apure, determinan que Luisa sea trasladada a Cádiz, hacia donde es embarcada el 3 de diciembre de 1816.
El barco en el que viajaba es atacado por un buque corsario, el cual se apodera de todo el cargamento y abandona a los pasajeros en la isla de Santa María, en las Azores. Imposibilitada de regresar a Venezuela, Luisa llega a Cádiz el 17 de enero de 1817. Es presentada ante el Capitán General de Andalucía, quien protesta por el trato al que fue sometida por las autoridades españolas de América, y le da la categoría de confinada, asignándole además una pensión de 10 reales de vellón diarios. Durante su permanencia en Cádiz se negó a firmar un documento donde debía manifestar su lealtad al rey de España y renegar de la filiación patriota de su marido, a lo cual respondió que el deber de su esposo era servir a la patria y luchar por libertarla.
El 3 de mayo de 1818 llega a Filadelfia, luego de fugarse de Cádiz con la ayuda de Francisco Carabaño y el inglés Mr. Tottem; de allí se dirige a la isla de Margarita donde desembarca el 26 de julio de 1818. Finalmente, 19 de septiembre de 1819, el Consejo de Indias dicta una resolución que le concede absoluta libertad y facultad de fijar su residencia donde desee. Residió en Caracas hasta el día de su muerte (1866). Sus restos fueron trasladados al Panteón Nacional en 1876, siendo la primera mujer cuyos restos ingresaron en esa histórica sede.
Juana Ramírez (Chaguaramas, Estado Guárico, 1790-Chaguaramal, Estado Monagas, 1856)

Conocida como "Juana la Avanzadora". Su madre se llamaba Guadalupe Ramírez y su padre uno de de los Generales Rojas: Andrés o José Francisco. Su madre fue traída de África y fue comprada por la familia del General Andrés Rojas. La esclava Guadalupe y su hija trabajaban en las tierras que la familia Rojas. Fue criada bajo la tutela de doña Teresa Ramírez de Balderrama, quien la protegió y le dio su apellido.
Juana participó en las batallas que se realizaron en las cercanías de Maturín, contra Antonio Zuazola, de La Hoz, Monteverde y Morales.
En la batalla del 25 de mayo de 1813, Juana tuvo una significativa participación. Ese día, patriotas y realistas se enfrentaron en una dura lucha que tuvo su final cuando oscurecía. Siguiendo las órdenes del Comandante Felipe Carrasquel, Juana avanzó con su batería de mujeres y le dio el triunfo a los patriotas.
La batalla se realizó en la sabana del Alto de los Godos, en el oeste de Maturín. En esa sabana, dos mil hombres patriotas esperaron a Monteverde que venía con muchos más hombres. La batalla comenzó cerca de las 11 de la mañana.
Juana y su batería de mujeres estaban cerca de lo que hoy es la Plaza Piar, de Maturín. Allí las mujeres atacaban al enemigo, atendían heridos y disparaban cañones. Como a las 4 de la tarde les llegó la noticia de que a los patriotas se les estaban acabando las municiones. El Comandante Felipe Carrasquel ordenó a Juana avanzar hasta Los Godos. Monteverde tuvo que huir ante tal arremetida. Con este triunfo los patriotas ganaron armas, municiones, 6.000 pesos de plata y 3 cañones, más los cofres de Monteverde. Juana se encargó de enterrar a los realistas caídos una vez finalizada la batalla.
Al año siguiente, el 11 de diciembre de 1814, Maturín cayó bajo el poder del español Morales, quien arrasó la aldea, quemó todas las casas y asesinó a todos los ancianos, niños y mujeres que pudo. La mayor parte de esa población era caraqueña y del centro del país, que se fueron a Oriente cuando Boves entró a Caracas. Con esta victoria de Morales cae la Segunda República. Juana y otras personas huyeron hacia las montañas y siguieron la lucha como guerrilleros.
Cuando Venezuela logró su independencia, Juana se quedó a vivir en Chaguaramal (Estado Monagas), localidad muy próspera que luego desapareció y varios de sus habitantes emigraron hacia la parte alta y construyeron las primeras casas de lo que ellos llamaron San Vicente, en el año 1924.
Tuvo la heroína cinco hijas: Clara, Juana, Juana, Josefa y Victoria. Se dedicó a trabajar la agricultura. Murió en 1856, a los 66 años. Fue sepultada en el cementerio antiguo de Chaguaramal, el mismo que en la actualidad es utilizado por las comunidades de San Vicente y Pueblo Libre.
Unos cardones, que continuamente sembraban los guacharaqueros y los sanvicenteños, recordaban el sitio exacto donde está enterrada "La Avanzadora". Un monumento, construido y declarado Santuario Patriótico Distrital en 1975, y luego, en 1994, declarado Santuario Patriótico Regional, señala ahora el lugar donde reposan para siempre sus restos. En su honor se erigió el Monumento Juana La Avanzadora, casi al final de Avenida Bolívar de Maturín.
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Fuentes:
Sección Heroínas de Venezuela de la Web histórica del Ejército Bolivariano
http://historica.ejercito.mil.ve/index.php?option=com_content&task=view&id=25&Itemid=39
Sección Biografías de Venezuela en la página de Venezuela Tuya
http://www.venezuelatuya.com/biografias/

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Si hoy apenas se tiene una vaga idea de qué es la “sabiduría” o la “espiritualidad”, y si la filosofía y el arte parecen eclipsados por el omnipresente fulgor de la ciencia y la técnica, es en buena parte porque hemos olvidado que existen diferentes formas del conocimiento: la ciencia es sólo una de ellas, y no la más sublime. Los filósofos anteriores al surgimiento de la ciencia mecanicista explicaron que al menos hay tres tipos de conocimiento claramente distintos; siguiendo a Spinoza, llamémosles sentidos, razón e intuición.Etiquetas: Crecimiento personal